| Fundador
de la Legión de Cristo y del Movimiento Regnum Christi
Marcial Maciel nació en Cotija de la
Paz, (Michoacán, México) el 10 de marzo de 1920.
Su madre, Maura Degollado Guízar, era sobrina de san
Rafael Guízar y Valencia e inculcó a sus hijos
la piedad y la caridad cristianas, educándolos a salir
al paso de las necesidades materiales y espirituales de los
demás.
La población de Cotija a inicios del
siglo XX se distinguía por una sentida religiosidad,
expresada en variadas tradiciones piadosas y en el florecimiento
de vocaciones sacerdotales y religiosas, habiendo sido esta
localidad cuna de seis obispos.
Cuando Marcial estaba para cumplir siete años,
llegó a su pueblo el movimiento cristero, un alzamiento
armado de católicos en defensa de la libertad religiosa.
La inseguridad de la época movió a la familia
Maciel a trasladarse a Jamay (Jalisco) y Zamora (Michoacán),
donde Marcial recibiría clandestinamente su primera comunión.
Vivió sus primeros años en un ambiente marcado
por el testimonio heroico de numerosos cristianos en los tiempos
de la persecución religiosa.
Cuando tenía nueve años de edad,
el Gobierno mexicano y la Iglesia acordaron los llamados arreglos
y se disolvieron las tropas cristeras. De nuevo en Cotija,
Marcial continuó su educación cristiana, recibiendo
instrucción primaria en la escuela privada de la Srta.
María Neri y aprendiendo particularmente del ejemplo
de su madre.
Ya adolescente, contemplando el cementerio,
las casas y gentes de su pueblo desde una colina aledaña,
Marcial pensó que, al final de la vida, «sólo
queda lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos»
(Palabras en el Aula Pablo VI del Vaticano, 4 de enero de 1991)
y su caridad hacia los pobres se hizo constante y llegó
a caracterizarlo ante los demás.
A los quince años, predominando todavía
un ambiente hostil hacia la Iglesia, ingresó en el seminario
que su tío abuelo san Rafael, obispo de Veracruz, tenía
operando clandestinamente en la Ciudad de México. En
1936, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús,
orando delante del sagrario, experimentó un impulso interior
que él interpretó como la llamada de Dios a reunir
un grupo de sacerdotes que recorrieran todo el mundo transmitiendo
sin descanso el amor de Jesucristo. Esta idea habría
de fructificar, años después, en la fundación
de la Congregación religiosa de los Legionarios de Cristo
y, posteriormente, del Movimiento Regnum Christi.
De septiembre de 1938 a junio de 1940, Marcial
estudió, por cuenta sucesiva de las diócesis de
Chihuahua y de Cuernavaca, en el seminario interdiocesano que
los obispos mexicanos habían establecido el año
anterior en Montezuma (Nuevo México, Estados Unidos).
Al compartir con sus compañeros sus planes fundacionales,
fue expulsado del centro. Su recuerdo como hombre de oración
perduraría entre sus compañeros.
Continuó sus estudios de teología
bajo el Obispo de Cuernavaca, Mons. Francisco González
Arias, tío lejano suyo. Al mismo tiempo, comenzó
a juntar algunos muchachos para dar inicio a su fundación;
algunos de ellos serían los primeros cofundadores. Así,
con la bendición de este obispo, el 3 de enero de 1941,
se estableció una comunidad a modo de seminario menor,
constituida por trece adolescentes y el joven fundador de veinte
años. Se reunieron en las habitaciones prestadas de una
casa de la Ciudad de México. Desde mayo de ese año,
la escuela contaría con casa propia en Tlalpan (México,
D.F.).
En los años siguientes, Marcial estudiará,
recabará limosnas, atenderá a la formación
de los alumnos y buscará nuevas vocaciones. El 26 de
noviembre de 1944, el fundador de la Legión de Cristo
fue ordenado sacerdote en la Basílica de Nuestra Señora
de Guadalupe en Ciudad de México, rodeado por sus familiares,
algunos bienhechores y un grupo creciente de jóvenes
que también dedicarán su vida con empeño
a la fundación de la nueva obra. El P. Maciel, después
de visitar España y Roma, entre mayo y junio de ese año,
pudo llevar en septiembre a parte de los seminaristas a Comillas
(Cantabria, España), para que éstos estudiaran
en la prestigiosa universidad pontificia de aquella localidad.
Aunque no faltaron las adversidades, el 13 de junio de 1948,
el Obispo de Cuernavaca, Mons. Alfonso Espino y Silva, erigió
canónicamente la Congregación religiosa de los
Misioneros del Sagrado Corazón y de la Virgen de
los Dolores, que más tarde se llamaría de
los Legionarios de Cristo. Los miembros del instituto, incluyendo
a los seminaristas menores, sumaban el medio centenar.
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