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CARTA DEL    
P. ÁLVARO        CORCUERA, L.C.
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  COMUNICADO    

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Legionarios de Cristo
Regnum Christi

«Servid constantemente al Señor.
Que la esperanza os tenga alegres;
estad firmes en la tribulación,
sed asiduos en la oración»
(Rm 12, 11-12).

31 de enero de 2008

A los miembros del Movimiento
Regnum Christi

Muy estimados en Jesucristo:

«Et Verbum caro factum est!» (Y el Verbo se hizo carne) . Estas fueron las últimas palabras que Nuestro Padre dejó escritas. Él sabía que la Encarnación daba sentido a todas nuestras vidas, y por eso, sabemos que desde su niñez y adolescencia, Dios nuestro Señor le concedió la gracia de percibir nítidamente el valor relativo del tiempo de cara a la eternidad. Él nos enseñó siempre que Cristo es el centro, el único motivo de nuestra existencia: «…en el gran Misterio de su Presencia en la Eucaristía… podemos tocarlo y casi sentirlo como Hermano, Padre, nuestro Amigo y Redentor. Así… ha determinado ir acercándonos a Él hasta el día gozoso en que rompiendo las amarras, libres en su total plenitud, le podamos contemplar en la otra vida» (CNP 11 de marzo de 1975).

Dentro de la profunda tristeza y dolor que nos causa la noticia, tengo también la alegría de comunicarles que Nuestro Padre ha llegado al final de su peregrinación terrena. Con la paz que siempre llenó su alma, partió hacia su destino eterno el día 30 de enero en Estados Unidos.

Indudablemente se trata de un momento que, aunque ya sabíamos que habría de llegar, nos causa a todos humanamente una profunda tristeza. Su partida nos duele en lo más hondo del alma. Pero por otro lado, él siempre nos habló de la esperanza, y al hablar de la muerte, siempre nos habló de la Resurrección. Por eso no nos vamos a detener en la tristeza del momento ni en las lágrimas del corazón. Tenemos que escuchar hoy la exhortación de san Pablo: «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres» (Fil 4, 4). Con la alegría sobrenatural de quien vive de la fe y de la esperanza, llevando siempre en el corazón el gozo de estar unidos a Jesucristo, Buen Pastor, caminando a su lado, como los peregrinos de Emaús, con paso firme hacia la eternidad.

Como nos dijo en una ocasión, no quiere que nos quedemos con él: «si pudieran no verme, sino ver el Plan de Dios»; quiere que vayamos a Cristo. Ahí, en el Sagrario, en la oración, ante el Santísimo, es donde más estamos unidos, con la fuerza y único sentido de la caridad. Este será el mejor modo de recordarlo y tenerlo siempre en nuestros corazones.

Habría tanto que quisiéramos decir. Pero yo creo que lo que todos queremos ahora es el silencio que contempla y agradece, sufre y confía con el gozo del que cree y espera, en medio del dolor que no se puede comunicar con palabras. Unámonos a la Santísima Virgen; Ella guiará nuestras mentes hacia las profundidades del misterio que nos envuelve, y nos llenará siempre de su paz. Expresamente Nuestro Padre me había pedido que, en el momento de su muerte, le acompañase una imagen de la Virgen de Guadalupe, a quien siempre tuvo como Madre fiel y amorosa. Que Ella nos ayude a continuar nuestra misión de servicio total a la Iglesia católica que tanto amamos, en una adhesión plena y filial al Santo Padre.

Los funerales se celebrarán en un clima de oración, de forma sencilla y privada. Lo acompañaremos con las oraciones que todos estaremos ofreciendo por su eterno descanso.

Profundamente unido a todos ustedes, en la oración y en la misión común, quedo su afmo. servidor en Jesucristo,

Álvaro Corcuera, L.C.

 

 

Auspiciada por la congregación de los Legionarios de Cristo y el movimiento Regnum Christi, fundados por el P. Marcial Maciel, L.C.,
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